PRÍNCIPE DE GALES

 

Acuarelas del Príncipe de Gales

En la primera publicación de las acuarelas del Príncipe de Gales en 1991, Su Majestad la Reina Elizabeth, la Reina Madre escribió: “Desde que era un niño el Príncipe Carlos ha mostrado un gran interés por todo lo que le rodea y ha desarrollado una capacidad de observación hasta el punto en que la pintura llega a ser una expresión vital y necesaria para su interés….Después de los consejos recibidos por parte de profesores y amigos, es interesante ver como la técnica y la habilidad de mi nieto han ido cambiando y mejorando a través de estos años llegando a desarrollar un estilo propio. Algunos de los cuadros son deliciosamente evocativos para mi especialmente aquellos de escenas que  conozco tan bien y por ello se hasta donde llega su aportación en cuerpo y  alma a sus pinturas.

Aunque ha pintado desde su niñez, el Príncipe de Gales no lo hizo en serio hasta mediados del los años 80, cuando empezó a pintar paisajes en acuarelas: “querría crear algo con más textura y vida que lo que se refleja en una foto,” explicó. “Solía llevar una máquina de fotos conmigo en mis viajes, pero llegué a encontrar que las fotos no tenían el suficiente sentimiento; no dejan una sensación del paisaje.  Sentí el deseo de expresar lo que siento a través de la pintura.”  Durante los últimos 15 años, el Príncipe ha pintado más de 450 acuarelas, la mayoría de las cuales están en las paredes de su residencia Highgrove.  Algunas han sido pintadas durante sus viajes oficiales a distintos países cuando ha tenido un excepcional momento para pintar y algunas han sido realizadas en el Reino Unido, durante sus estancias en Balmoral y Sandringham, a veces en Highgrove o mientras esta con amigos en Lancashire y Yorkshire. Otras muchas han sido pintadas durante sus vacaciones en los Alpes Suizos, en la provincia de Granada y especialmente el las islas mediterráneas de Turquía y Grecia. A pesar de sus obligaciones el Príncipe llega a crear una media de 30 pinturas al año.

Aunque la técnica de las acuarelas es sumamente difícil de dominar y los errores difíciles de corregir es una técnica práctica, conveniente y requiere poco equipaje, es la mejor manera de captar los efectos fugaces de la naturaleza.  Desde el final del siglo 18 esta técnica ha sido considerada como un medio específicamente británico y algunos de sus mejores exponentes han sido artistas británicos como Cortman, Girtin, Towne, y Turner a los que el Príncipe admira mucho. La variedad de paisajes, momentos, luz y color que Gran Bretaña ofrece a través del año, han ayudado a crear una tradición impresionante de artistas que son sensibles a los  variables efectos y capaces de capturar el espíritu del terreno.

50 de las acuarelas del Príncipe realizadas entre 1994 y 1998 fueron expuestas en 1998-99 en el Palacio de Hampton Court pudiéndose apreciar los progresos  del arte del Príncipe. Reveló su confianza al poder pintar casi cualquier tipo de paisaje, desde las montañas nevadas a los desiertos.  En comparación con sus obras anteriores, donde utilizaba un lápiz para delinear y contener las formas y en las cuales el uso del pincel es temeroso y sin arrojo, en estas hay una libertad de expresión, que se caracteriza con los ejemplos de una gran variedad de técnicas de pintura: lavados delicados para capturar la luz que refleja en un río que corre a través de una reserva en Tanzania, por ejemplo; o una pincelada grande y fluida para describir la larga sombra de los cipreses en los paisajes de las montañas de Grecia a la luz dorada de un atardecer.  La serie que hizo de paisajes de  Balmoral, en 1998, y sus últimas obras que fueron incluidos en la exposición de Hampton Court, marcan el comienzo de un nuevo desarrollo.  Capturan la bravura y el drama de los elementos invernales de Escocia y  cada cuadro muestra una variación de este tema. Pintura de gestos sobre tonos lavados, mojados, fuertes contrastes de luz y oscuridad, concurridos paisajes junto a experimentos tranquilos sobre el papel, indican una sensibilidad ascética de que está empezando a crear propio vocabulario visual.  Aquí esta el artista que ya no tiene que pintar lo que ve, pero intenta a expresar sus sentimientos de lo que significa el paisaje para él.

En los cuadros que el Príncipe ha realizado desde entonces, 30 de los cuales fueron seleccionados para la exposición de Painting & Patronage, se ve claramente que su interés en las posibilidades de la técnica de la acuarela ha continuado creciendo.  Hay un fuerte sentimiento de curiosidad, ganas de experimentar, de descubrir y de disfrutar.  Ya se puede observar más en estos últimos ejemplos de acuarelas.  En sus obras anteriores hay una tendencia a plasmar el paisaje tal y como se ve, como una cosa entera y dinámica, que muestra lugares increíbles y panoramas, pero que no invita a fijarse en las partes.  El Príncipe ha desarrollado una observación mas precisa, ahora siendo mas selectivo en su composiciones (lo que omite puede ser igual de importante de lo que pinta) y como consecuencia sus composiciones tienen mas práctica.  Aunque todavía le encanta pintar paisajes in situ, ha empezado a tomar apuntes en un libro de los aspectos y colores que le pueden servir mas tarde como base para cuadros desarrollados en su memoria e imaginación.  Un análisis cuidado de una escena y la toma de apuntes le han ayudado de entender mejor el proceso de cómo realizar pinturas sin afectar la vivacidad y espontaneidad. Se nota esto especialmente en el desarrollo de su paleta de colores, que estaba mas bien restringido a colores de la tierra sin mucha variación, esto era inevitable, sin importar cuales eran las escenas.  Los colores del paisaje no tenían mucha variedad, mientras en sus cuadros mas recientes hay colores sorprendentes como una salpicadura de rojo  entre varias sombras de púrpura y azules como en el ejemplo El Atardecer Rojo del Mediterráneo (No. 27 arriba izquierda); o las gruesas gotas de azul profundo en el que se centra A Primera Hora de la Tarde o Paisaje Griego (No.49. arriba, derecha); y los maravillosos colores óxidos de los primeros planos de Las Montanas Griegas al Atardecer (No.40, izquierda).  El color ha vuelto  ha ser algo de lo que se puede disfrutar en si, en vez de simplemente un elemento descriptivo de un lenguaje visual.  En el último cuadro, el color y la luz son los elementos principales en vez del lugar en sí.  En el primer plano la caldera de los colores parpadea a pinceladas y los lavados y “mojado sobre mojado” crean un sentido tremendo de movimiento que sirve como contraste del resto del paisaje.  El Príncipe ha estudiado cuidadosamente los tres distintos efectos que tiene la luz sobre la masa en la distancia y como cada uno puede sugerir una forma distinta.  El ahumado y figurado efecto de las dos sierras, una medio sombreada y la otra en difuminados brillos rosas es un ejemplo bellísimo. El ojo es guiado desde el primer plano a recorrer la escena por los distintos tonos y no por los elementos de la composición, como un grupo de árboles puestos estratégicamente o un fragmento de tierra que asciende por una sección del cuadro.  El Príncipe esta gradualmente conquistando las dificultades que suponen unir un  primer plano con la distancia media y el fondo gracias a su conocimiento en la combinación de los tonos de un cuadro.

Con la nueva experimentación de técnicos y materiales, libremente mezclados, el Príncipe ha avanzado bastante en la vitalidad de sus acuarelas.  Las texturas del paisaje ya son los ingredientes más importantes.  Se puede notar esto especialmente en Un Paisaje Lejano de Escocia (No.36), cuyo tema consiste en una tormenta de nubes sobre un bosque y unas montañas.  El cuadro capta premura del momento antes de que empiece una tormenta, entre la luz eléctrica y la fuerza del viento atravesando la tierra.  El Príncipe ha aplicado la pintura libremente atreves del papel para sugerir las formas de un grupo de árboles atravesando la escena.  Luego ha trabajado entre la pintura mojada con un palo de madera o la parte posterior de su pincel para mostrar los troncos de los árboles como  trazos de luz  a destellos. Las montañas son tratadas de una manera similar, aunque con menos agresividad para que el ritmo y movimiento de los árboles y montañas se complementen uno al otro.  En otro sitio la cera corre de manera salvaje.  El cuadro probablemente es uno de los realizados a partir de sus apuntes en vez de creado in situ.  El Presidente Ronald Maddox del Instituto Real de Pintores de Acuarelas en Londres, comentó sobre una exposición anual reciente, “Los cuadros del Príncipe están progresando de una manera muy buena”.  

Estos cuadros son de los más experimentales hasta ahora.  Tiene un aspecto contemporáneo y están llenos de vitalidad.”  El Paisaje de las Panorámicas Escocesa (No.37, derecha) muestra técnicas similares, aunque el efecto que el  Príncipe intenta capturar es una luz resplandeciente que aparece entre los nubes y su impacto tiene en el paisaje frondoso y nevado.

En sus acuarelas mas recientes Glan Callater, Balmoral (No. 56, izquierda), y Aberdeenshire, cerca de Braemar en enero (No.55) el cielo es igual de importante que la tierra.  Uno de las frustraciones mas grandes que tienen los pintores de paisajes es que la luz cambia tan rápidamente, especialmente cuando hay nubes que es prácticamente es imposible plasmar una luz en particular.  En los climas calurosos encuentran el problema adicional de que la pintura se seca tan rápidamente que es muy difícil mezclar los colores mojados con el papel y que lograr el efecto deseado.  Tal como los cuadros de paisajes del Príncipe de los  alrededores de Balmoral y Sandrigham muestran  es muy importante que el artista tenga la experiencia y capacidad de observación de la tierra y sus cambios de aspecto lo mejor posible.  El Príncipe los conoce íntimamente porque desde niño ha paseado por todos sus rincones y ahora como artista puede recordar y plasmar fácilmente sus conocimientos y recuerdos que ha guardado durante años.  A diferencia de los artistas profesionales que se dedican a pintar durante todo el año el Príncipe solo puede dedicar un par de horas de vez en cuando.  El poder pintar un paisaje que conoce bien como Escocia, la Provenza o las Islas Griegas, en las distintas estaciones y en los distintos momentos del día no solo será un gran desafió sino también le ayudara desarrollar y mejorar su arte.  Cuadros como La tormenta Griega (No. 29, arriba  izquierda)  y Nubes Moradas sobre el Paisaje Griego (No.39, arriba derecha) muestran el don que ya tiene de capturar el drama y el sentimiento del paisaje, mientras el rocío que desprenden los árboles del Lago Lochmore, Sutherland (No.33, izquierda) , o la luz dorada de las colinas y valles en La Vista de Mont Ventoux en la  Provenza, (No.50, derecha) revelan su habilidad de congelar el detalle, momento o paisaje.  En sus dos cuadros del paisaje majestuoso de Asir, Con Vistas a Wadi Arkam (No.51, izquierda) y Jabal Sofhan (No.52, derecha),  son estudios sobre la estructura del paisaje y las distintas maneras de cómo el sol aparece en el amanecer.  Obviamente el Príncipe ha disfrutado de estos minutos seductores de transición en los que el paisaje tiene colores frescos y cálidos mostrándose en parte estático y por otro lado lleno de energía.

La culminación del los logros del Príncipe como artista en la técnica de las acuarelas se deja ver en una pintura como la de Paisaje Montañoso en Suquia (No.43, izquierda) en la cual todos los elementos de la composición, luz, color, técnica, y ambiente están unidas. Se ha beneficiado mucho del apoyo y guía de sus amigos artistas que le han animado mucho para que desarrolle su talento y su progreso ha sido gradual.  Aunque normalmente es modesto en cuanto a sus dotes artísticas y se mantiene firme en sus raíces como artista aficionado, es evidente que en sus últimos cuadros hay un potencial grande que aun puede desarrollarse más. Con un ojo tan inquisitivo, su arte no permanecerá estático y empezará a moverse en nuevas direcciones e irá refinando su arte y explorando nuevas fuentes de expresión.  Es evidente que en sus últimas pinturas el Príncipe ha aprovechado bastante el su escaso tiempo que tiene para pintar. Se puede apreciar como el Príncipe aprovecha mejor el tiempo limitado que puede dedicar a la pintura para lograr algo único y se siente excitado en vez de temeroso de la libertad y el desafío.  Este es el mejor argumento para su trabajo en el futuro.