JAMES HART-DYKE

 

Cuadros del Parque Nacional de Asir por James Hart Dyke 

Nacido en 1966, James Hart Dyke estudió arquitectura en la Universidad de Manchester y en el Colegio Real de Arte.  Trabajo como un tutor y pintor en el Colegio del Verano del Instituto del Príncipe de Gales y más tarde fue designado para  una Comisión de Diseño Urbano.  En el medio de los años 90, estudió pintura en el Colegio de City y Guilds de Londres y se consumó como pintor de paisajes, retratos y escenas arquitectónicas. Nunca había estado en Oriente Medio tras haber viajado con el Príncipe de Gales durante un Recorrido Real por Asia del Este en 1998, sabía lo que le esperaba con respecto a lo práctico y etiqueta por lo cual se sintió mas libre de disfrutar el viaje y maximizar esta oportunidad artísticamente. Fue una coincidencia que su primera exposición, Pinturas de Nepal, resultado de su primer viaje con el Príncipe, concluyera en Londres el mismo día de su partida a Arabia Saudita. Le dio la impresión de que un capitulo nuevo y exitoso de su carrera artística comenzaba para él.

El viaje a Arabia Saudita le hizo pensar inicialmente en imágenes románticas del desierto, las tribus de los Beduinos y sus camellos, palmeras y oasis.  Leyó antes de irse algunos libros para tener una idea del país y se dio cuenta de que un considerable de gente importante de Gan Bretaña habían visitado a Arabia Saudita a mediados del siglo XIX y plasmaron sus impresiones. Así lo hizo el explorador y experto en Oriente Medio, Sir Richard Burton, quien escribió Una Narrativa Personal de una Peregrinación a El-Medinah y Meca (1855); Charles Doughty, quienes Viajes en el Desierto Arabia Saudita (1888)  que se considera como uno de las mejores guías escritas; Wilfred Scawen Blunt, quien demostró una gran estima y entendimiento por el  Islam que concreta en todo sus escrituras; T.E. Lawrence, el campeón del nacionalismo árabe, y su libro Siete Pilares de Sabiduría (1926) en el que cuenta con aprobación artística su participación en la revolución árabe en Hejaz y Trans-Jordania durante el primer guerra mundial; Bertram Thomas y su libro Arabia Felix en elcualdescribe sus 58 días en camello a través del Cuarto Vació en 1931; Harry St John Philby primer europeo en cruzar el Cuarto Vació de este a oeste y consejero oficial del Rey Abdul Aziz (Ibn Saud) y al final converso a Islam y Sir Wilfred Thesiger quien describe en su libro Las Arenas Árabes (1959) dos viajes en los que atravesó el Cuarto Vació en los años 40 y que es todavía hoy considerado el libro contemporáneo mas conocido sobre Arabia Saudita.  Estas aventuras y descripciones han encendido y reencendido la imaginación de la gente británica durante los últimos 150 años y han contribuido a la idea romántica de Arabia, como ejemplo mas reciente tenemos la épica de David Lean Arabia Saudita (1962).  Aquí tenemos a todo color la imagen definitiva del héroe romántico del oeste en el desierto, que se identifica con la libertad de los árabes y con sus carencias, soledad y belleza única de un paisaje que pone a prueba la fuerza humana

James Hart Dyke desconocía que otros artistas británicos habían pintado Arabia Saudita, pero si conocía las litografías del paisaje idealizado y las ruinas clásicas del pintor escocés David Roberts, que fueron el resultado de un viaje que el artista hizo en 1839 cruzando la Península de Sinai a Petra, Jerusalén y Palestina y por todo la costa de Líbano a Baalbec.  En particular admira la selección y atención a detalles en las vistas monumentales de Roberts así como su refinado control de la grandeza.  El Príncipe de Gales tiene una serie de estas litografías en Highgrove.  Hart Dyke, también conocía los borradores de Bedou, pintados por el americano John Singer Sargen en siria y Líbano a principios de 1900.  Sargent es un artista en el cual se inspira y estudia como son sus composiciones, dibujos, combinaciones de colores y técnicas de pintura.

James Hart Dyke llegó a Riad junto el Príncipe de Gales el lunes, 22 de noviembre 1999 desde Muscat.  El séquito Real ya había hecho la mitad de su viaje por la Unión de Emiratos Árabes y Omán. Hasta ahora Hart Dyke solo había podido hacer unos dibujos a lápiz en su libreto y así continuó haciéndolo durante su breve visita a la capital: “Uno de los aspectos más intimidantes de acompañar a el Príncipe como artista,”  recuerda, “es el hecho de pintar y dibujar en situaciones públicas.  Fue tanto el honor, que la presión de crear arte es enorme.  Esto combinado con el ritmo trepidante del recorrido Real hace que sea complicado sentirse relajado y poder concentrarse realmente en el trabajo.  Uno se siente un poco avergonzado, al empezar a dibujar en medio de un banquete Real ofrecido por el Custodio de Las Dos Sagradas Mezquitas el Rey Abdullah bin Abdul Aziz Al-Saud (el Príncipe Heredero).  Pero al final tenía que ignorar la situación y seguir adelante.  Fue un entrenamiento maravilloso y ahora me siento seguro de dibujar en cualquier situación.  Mi libreto de bocetos forma una agenda personal de mis memorias visuales y la alegría al dibujar es mucho menos intimidante para las personas que una máquina de fotos. “

Al día siguiente, el artista voló con el hijo del Príncipe Heredero SAR el Príncipe Mit’eb bin Abdullah y SAR el Príncipe de Gales a Abha, la capital de la provincia de Asir.  Fueron conducidos en coche al Parque Nacional de Asir, Al-Jarra donde se quedaron en un campamento preparado con jaimas que ofrecía unas vistas espectaculares.  Por primera vez, Hart Dyke pudo relajarse un poco y concentrarse en los fabulosos paisajes que tenia frente al él, aunque debido a la altitud de 3,000 metros tuvo que soportar la enfermedad de las alturas.  Esta experiencia ya la había sufrido en Butan durante 1998, y mas tarde aunque mucho peor cuando volvió al año siguiente para pintar cerca del Campo Base del Monte Everest en Nepal.  La enfermedad de las alturas le dificulta mucho poder concentrarse en sus pinturas y le provoca una tendencia a pintar en colores oscuros, especialmente el negro. A tal altitud en Asir los rayos de sol eran muy intensos aunque no necesariamente calurosos. Como las tardes y las noches eran muy frías el Príncipe Mit’eb le regalo un abrigo de piel de cabra para que se mantuviese caliente. 

Después de haber llegado y tomado un picnic, el Príncipe de Gales y James Hart Dyke fueron llevados a contemplar una panorámica de un escarpado barranco donde se quedaron para pintar el atardecer.  Antes de salir de Inglaterra  sus la idea que tenía de Arabia Saudita era de dunas de arena en movimiento con camellos pasando al lado de ellas.

Esta idea fue substituida inmediatamente al contemplar  estas altas montanas cubiertas por árboles y arbustos al filo de escarpadas y profundas laderas. Asombrado de encontrar lavanda y flores salvajes de brillantes colores, también descubrió que la zona estaba habitada por monos babuino, que podía escuchar desde larga distancia.  Nunca había tenido una sensación semejante ante unos paisajes como la sentida ante los de Asir: “Fue grandioso. Uno podría percibir la verdadera extensión de la tierra, hasta el punto de poder ver la sombra de la tierra en la atmósfera.  Durante el día la fuerza de la luz borraba todos los colores, aunque en las sombras uno podía encontrar los más cálidos colores.  Eran colores consistentes y tuve tiempo suficiente para pintar. Aun así, por la mañana temprano y a última hora de la tarde el paisaje revivía al tiempo que la sombra de las montañas corría a lo largo de la superficie de la tierra y los más extraordinarios, puros y poéticos cambios de colores bailaban en la atmósfera como una obra de arte.  Fue una experiencia tan increíble como sobrecogedora. Pensé que si pudiera captar tan solo un pequeño momento de esta magnificencia seria feliz.”

El artista vino con todo su equipamiento.  Tenía un lápiz de 6B y algunas acuarelas y un pequeño recargable libro de bocetos (8x13cm), diseñado por el mismo y que lleva el papel de color sepia Ingres.  Es recargable porque siempre ha tenido temor de la primera página de su libro de bocetos y la responsabilidad de tener que rellenarlo.  Una ventaja añadida es que le permite reordenar sus dibujos y guardar y proteger bocetos terminados.  Utiliza el libro de boceto continuamente para apuntar eventos y momentos y anotar posibles composiciones para pintar.  En equipo de pinturas de óleo es la segunda parte de su equipaje. Consiste en una pequeña caja de pinturas al óleo hecha personalmente por su padre para el viaje de Nepal y Butan en 1998.  Contiene y  protege las paletas que van untadas de aceite, hilo (15x30cm), una botella de aguarrás, una botella de aceite y aguarrás estándar, una pequeña paleta, un delgado pincel sable así como otro pincel gordo de cerdas. La gama de colores que utiliza está restringida al blanco titanio, pardo oscuro (elegido por su color translúcido), siena quemada, ultramarino francés y amarillo cadmio profundo, pero para este viaje también se llevó  rojo cadmio tenue, azul y limón.  Como siempre deseaba hacer algunos estudios grandes de óleo, también llevo unos lienzos de 30x48 y una pequeña caballete de aluminio portátil.

El primer cuadro de Hart Dyke, Un estudio del luz del sol por la tarde, Parque Nacional de Asir (No 57, derecha),  fue realizado en tres cuartos de hora. Pintando sobre un fondo de pardo oscuro traslúcido mezcló su pintura de óleo libremente con el aguarrás para poder pintar más rápido y fluido y así poder responder rápidamente a los cambios continuos de luz y color.  La panorámica le dio la impresión de estar volando sobre el paisaje  y tuvo la oportunidad de desafiar y encajar algo tan majestuoso y poético en una pequeña trozo de lienzo.  Era importante que pudiera captar  la escena de lo que veía y sentía y así tener la suficiente información una vez en Londres para realizar una versión más grande de la pintura.

James Hart Dyke se levantó a las 5 de la mañana el día siguiente con Michael Fawcett, el asesor personal del Príncipe de Gales y volvió al lugar donde había pintado la tarde anterior para ver el amanecer y pintarlo.  Fue el hechizo de este paisaje lo que inspiró muchas de sus obras posteriores en el Reino Unido.  Eligiendo de nuevo un trozo pequeño de lienzo, trabajó rápidamente para grabar los tonos anaranjados sutiles del sol saliendo e iluminando la montaña en contraste con los púrpuras de las sombras ondeadas de los valles e intento a responder a las calidades abstractas del paisaje, con sugerencia al tamaño de la tierra, con énfasis en la eterna presencia con respecto al sol, estableciendo un equilibrio entre la simplicidad del color y la repetición de las formas básicas.

Later in the morning he went for a walk along the escarpment with the two Princes and, following a picnic lunch, which he sketched for a later painting (No.60), settled down to paint yet another magnificent view. This time he estimated that he would have at least a couple of hours to work, so he painted on a slightly larger canvas (No.62, right). The midday sun was unforgiving, but he wore a good hat, sipped from a large bottle of water, and had the benefit of knowing that the light would remain constant. 'The grandeur of the view lent itself to a painting of a large version back in London which forms the centre piece of my series of paintings in Saudi Arabia (No.71)', he explains. 'I remember clearly the subtlety of the bleached colours in the sunlight competing with the deep purples and blues in the shadows. I had never witnessed a scene like it before'. In the picture, the massive craggy forms of the escarpment rear up against the sky. Unlike other large scale scenes he had painted, such as those in the Alps or the Himalayas , the terrain was all very similar. There was not the variety he was used to in painting snow capped mountain tops descending to rocky terrain and then further down into wooded areas. However, it seemed to him that it was the very simplicity of the Asir landscape which made it so powerful. After finishing the painting, he returned to the Al-Jarra camp, where the royal party was entertained during the evening to some traditional Asir music and dancing by a troupe, which had come from the Dhafir bin Hamsan Tradition Village at Khamis Mushayt, east of Abha.

Mas tarde a lo largo de la mañana fue a pasear alrededor del escarpado barranco con los dos Príncipes, y tras un picnic, del cual realizó una pintura mas tarde (No.60), se sentó para pintar otra vista magnífica.  Esta vez calculó que tenía un par de horas para trabajar, y pinto sobre un lienzo un poco más grande (No 26., derecha). El sol de mediodía fue imperdonable pero tenía un buen sombrero, una botella grande de agua, y tenia la certeza de que la luz sería constante.  “La grandeza de la vista fue perfecta para hacer una versión aun mas grande en Londres que forma la obra central de esta serie de pinturas en Arabia Saudita. (No 71)”, el explica “Recuerdo claramente la sutileza de los colores blanquecinos de la luz del sol competiendo con los púrpuras profundos y azules de las sombras. Nunca había visto una escena igual.”  En el cuadro, las peñascosas y enormes montañas escarpadas se alzan contra el cielo.   Tan distinto a los otros grandes cuadros que había pintado, como los del los Alpes o el Himalaya, en este terreno era todo muy similar.  No existía la variedad a la que estaba acostumbrado a pintar, de montañas nevadas descendiendo hacia un terreno de rocas y más abajo lugares con bosques.  Pero pensó que era la simplicidad del terreno de Asir que lo hacía tan poderoso.  Cuando acabó con la pintura, volvió al campamento de Al-Jarra, donde la Realeza fue animados con músicos y bailarines típicas de Asir que vinieron desde el tradicional pueblo Dhafir bin Hamsan en Khamis Mushayt, al este de Abha.

El día siguiente James Hart Dyke permaneció en el campamento para terminar su cuarta pintura de plein air sujetos de Arabia Saudita, que muestra una gran carpa de  los Beduinos que formaba parte del alojamiento del Príncipe de Gales en el campamento (No 59. izquierda).  Tanto el Príncipe como él mismo habían comentado el esplendor de esta escena.  Como signo del aprecio  la hospitalidad del Príncipe Mit’eb e interés por sus obras así como por el patrocinio y amistad del Príncipe de Gales, realizó dos versiones del cuadro, y le entregó una a cada uno de los Príncipes como regalo: “La carpa estaba instalada cerca de donde durmió el Príncipe, explicó. “El Príncipe y yo habíamos hablado sobre la posibilidad de pintarla. Los dos estábamos fascinados con ella.  Mientras yo la pintaba, el Príncipe se sentó a mi lado escribiendo sus tarjetas de Navidad bajo un sol resplandeciente, en los momentos de calor mas extremo del día.  Me sentí culpable, porque estaba seguro de que él hubiera preferido estar pintando.  Mientras estuve pintando todo me hacía recordar los Beduinos de John Singer Sargent.”

El tercer día al mediodía, todos partieron hacia el campamento de Al-Jarra, donde fueron recibidos por el Príncipe Khalid Al-Faisal quien mas tarde organizó un  almuerzo en su honor antes de su salida hacia Londres.  Después de un relajante fin de semana, James Hart Dyke volvió a su estudio en Clerkenwell, Londres, con su libro de bocetos y cuatro pequeños lienzos, con el óleo todavía húmedo.  Utilizando estos y su memoria, durante los cuatro siguientes meses trabajó sobre una serie de ocho lienzos pequeños y mas tarde sobre tres más grandes, El Sol de la Mañana Temprana (No 70., izquierda) y Vista desde Montañas Escarpadas (No.71, derecha).  Cuando realizó los pequeñas oleos su empeño era estar bien familiarizado con el sujeto, composición y color y esto le condujo a la realización de los tres grandes donde podría la fluidez del pincel y delicadeza entre los elementos abstractos y figurativos dieron como resultado final unas obras que evocaban la sencillez, la belleza y la grandeza de Asir